Desvaríos e Iluminaciones de Pepita Roa, la Valiente. http://pepitaroa.espacioblog.com Esta es la bitácora de Pepita Roa así que no intentes comprender, simplemente lee y escucha. es-es Deportes http://s3.amazonaws.com/lcp/pepitaroa/myfiles/toulouselautrec165x65.gif Desvaríos e Iluminaciones de Pepita Roa, la Valiente. http://pepitaroa.espacioblog.com the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Un Accidente http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2007/06/06/un-accidente 2007-06-06T19:16:55+00:00 Escribe Pepita:


Aquella tarde el calor atravesaba las paredes. Dentro
sólo estábamos yo y la señora Eladia. El sudor se escurría del pañuelo que
cubría mi cabeza hacia mis sienes y debajo de la ropa. Me mantenía de pie a su
lado, mientras ella tejía a ganchillo la mantilla que vestiría en el funeral de
su hija que agonizaba desde hace meses en la ciudad. Desde hace más de una
década era yo la acompañante de la señora, había caído enferma y me habían
encomendado servirle de compañía, sólo compañía. Doña Eladia era una mujer de
un carácter fuerte, dura y aguda como las espadas de su difunto padre que
colgaban en la vieja biblioteca. Incluso al tejer finamente podía percibirse en
ella el aroma del rancio abolengo, terco y dominante. Algunas veces la veía confundirse con los puntos del
tejido, entonces le acercaba la lámpara para encontrarme con su mirada llena de
insulto e indignada desaprobación; no consentía que una simple campesina como
yo, la situara en una posición de necesidad o desvalimiento, aunque jamás fuera
esa mi intención.

Desde que cayó enferma era yo quien debía llevarle los
alimentos, preparar sus vestidos, peinar su cabello y acompañarla durante el
día. Yo era su esclava personal, así me presentaba a sus amistades. Para todo
destilaba un escrúpulo humillante, su condición enferma debía ser olvidada por
quienes la servíamos y si en algún instante llegábamos a compadecerla, no
dudaba en reafirmar su posición frente a la nuestra con un castigo severo.

Estábamos casi a oscuras, todas las ventanas cerradas en
un vano intento de aislamiento. Se levantó del sillón con dificultad e hizo un
ademán señalando el cuarto de baño. Yo como siempre me situé a su lado por si
en algún momento necesitaba afianzarse en algo además del fuerte bastón. Se
detuvo en el pasillo antes de llegar, quiso entrar en la habitación. Era una
estancia de techos muy altos de vigas de madera, un poco más fresco que el
salón. En la mitad reposaba la cama y frente a esta, un precioso tocador, con
un gran espejo en el centro. Nunca llegué a saber qué buscaba en ese momento,
todo sucedió muy rápido. Se acercó a la
silla del tocador, una especie de taburete alto, con altos alfiles en cada
esquina, y pesadas patas de hierro. Se iba a sentar cuando pareció perder un
poco el equilibrio, y calló con mala suerte, estacada, empalada en una de las
vigas apuntadas del asiento. Su cara se transformó y me miró con una mezcla de
odio y súplica mientras lágrimas caían por sus arrugadas mejillas. Fue en ese
momento cuando algo cambio. Por primera vez la oí suplicar, su cara estaba
roja, parecía sentir más vergüenza que dolor. Mi primera reacción fue sonreír
ante su gesto hasta que comenzó a
gritar implorando ayuda. Como pude metí mis brazos bajo los suyos y apoyé un
pie en la butaca. La levanté y la acosté en la cama.

A partir de esa tarde, la mirada de Doña Eladia se tiñó
de algo parecido a la mansedumbre, una especie de humillación avergonzada.
Nadie, fuera de mí y el doctor, supo lo que había sucedido. Tal vez sea por eso
que en el funcionamiento de la casa siguió como siempre. Ningún otro empleado
alcanzó mi posición, desde ese momento en adelante algo en nuestras miradas
cambió de lugar.


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Estampa en el metro de Madrid... http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2006/02/28/estampa-el-metro-madrid- 2006-02-28T17:55:52+00:00 Las cajas de aluminio atestadas de labios inertes se deslizan por los caminos de hormiga que sostienen la ciudad. Arriba, zapatos se resbalan sobre un suelo líquido y oscuro, los labios como telones morados cubren miles de piedritas de marfil que tropiezan una contra otra en convulsiones milimétricas, arrítmicas, obedientes al frío; cuellos encogidos, hombros encorvados que acentúan la deformidad de las bestias.
En las cajas de aluminio decenas de huecos en pares se abandonan al serpenteo entre puerto y puerto. Cuando se abre la puerta, algunos pares sin abrirse cambian de oscuridad, y salen a seguir su camino de indolencia hacia arriba, donde los zapatos resbalan, donde el viento raya la piel, donde pulula la impaciencia, la angustia y el cansancio en acordes para la sinfonía postmoderna de silbatos y maldiciones.
Abajo, no hay más opción que la renunciación y la entrega, al tiempo.
En ninguno de los dos lados del andén hay vida y sin embargo...
Se abre paso entre los charcos una alegre princesa, de unos 70 años con la cabeza dorada casi blanca, una falda ancha de tul rosado, un abrigo de la piel de un oso o unas cincuenta y nueve marmotas. Una elegante corona adorna su cabeza, y tres verrugas en la cara rodean esos huecos brillantes, inquietos, seductores, exquisitos.
La reina entra con pie fuerte al cubilete, con una mochila de piel falsa con grabados geométricos, pretendiendo un estatus de rancio abolengo. Sus gordos tobillos rebosan las zapatillas rosa.
Buenas Paellas! Jajaja! Buenas paellas y buena música! Jajaja! Su gruesa carcajada retumba en las paredes del afanoso armatoste. Por un instante la cajita se colma de brillo y destila saliva.
No importa a dónde va ni de dónde viene, es absolutamente inadmisible.
Dos estaciones más adelante, se baja anciana decrépita, senil, estorbosa, pálida con ropajes ridículos y una falsa diadema de plástico dorado. Con la mirada ausente, llena de ceniza, esbozando con sus pasos una larga y tortuosa despedida.
La ciudad hace lenta y gustosa la digestión del nuevo siglo.

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Trío en G. Serenade - Finale http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2006/02/28/trio-g-serenade-finale 2006-02-28T17:54:11+00:00 Entre las comisuras de la calle, no.
Entre las piedras del andén, tampoco.

Un pajarito amarillo busca desde el alba
Con qué saciar su apetito voraz.
Hace tiempo que no llueve.

La puerta de la cafetería no da señales de vida.
El tendedero se habrá muerto esta mañana, o en la noche helada.

Transeúntes a gran velocidad plagan de pasos la avenida.
Una mujer con una violeta y un clavel en el ojal de la solapa.
Se abre el kiosco de la esquina.

Zapatos entorpecen el encargo
el hambre arrecia
el pájaro asechando
plumas verdes madurando.

El pájaro hambriento alza el vuelo.
Plumas amarillas sobre cables espiando.
Plumas amarillas sobre el hule negro salivando.

Un pasante desprevenido con sobrero descosido
Lombrices de hilo, zapatos desatados.
Se tropieza con ancianos y viejos bastones, va injuriando.

Mujer con lila en el ojal y sobrero rojo advierte el escenario.
Mujer, con ceja levantada inquieto observador esperando...

Zapatos desatados, sobrero descosido, lombrices de hilo.
La mirada fija en la calle, va sudando.
Se detiene extenuado sobre un banco,
está hiperventilando.

Lombrices de hilo reinician el trayecto
Lombrices de hilo atraviesan la calzada
El pájaro amarillo agudiza su mirada

Zapatos desgastados pisan la lombriz de hilo
Sombrero descosido en traspiés cae al piso!
Pitidos asfixiantes de frenos humeantes!
El hombre empapado, derrumbado en el asfalto.

Mirando hacia el cielo el hombre yace
mirada brillante, viscosa, abundante!

Pájaro famélico empunta el pico,
Manjar exquisito!

Plumas amarillas sobre tabique ensangrentado
Plumas amarillas sobre rojo deleitando.
Banquete final bajo el sol delirando.

Para el Piano Trío en G. Claude Debussy y Ravel. Serenade: Moderement Anime – Finale:Anime.

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Nupcias del Sabbat http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2005/12/19/presentacion-innecesaria 2005-12-19T00:20:43+00:00 Seducida en la palabra,
Ultrajada por las letras

Se desangra

En sudor grita una pausa,
Sumergiéndose en abismos de silencio.
Se recuesta enmudecida en hojas blancas,
Respira lentamente negras tintas.
El papel, la pluma,
La mujer que se desvirga en cada verso.
Devenires sin pudores se amarán
En erótico aquelarre.

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Poeta http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2005/12/19/poeta 2005-12-19T00:17:12+00:00 Los ojos huecos quemados
Los labios llenos de ceniza

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Marsella XIII http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2005/12/19/marsella-xiii 2005-12-19T00:01:54+00:00 La buscaba en los sanatorios, en los puentes levadizos, en el filo de armas blancas, en los balcones, las ventanas altas, y los precipicios; en detonaciones de armas de fuego, en bañeras y escaleras enceradas; acompañaba ancianos y enfermos terminales, psicópatas y sociópatas eran sus proveedores, y era invitado especial de los suicidas... y orgulloso se paseaba por los pabellones de urgencias en hospitales. Cualquier lugar en el que pudiera estar ella, se convertía por segundos en su escenario favorito. Y aún así, jamás la veía llegar entre la muchedumbre. Cansado de las lágrimas y alaridos, de los pasos acelerados y de su nombre de silencio, veía ojos que aun abiertos viajaban por una espiral infinita interior y vacía. Veía los cascarones abandonados en cualquier parte, en cualquier momento.. Detestaba los campos de guerra, y los lugares donde la violencia prostituía ese arte exquisito. Despreciaba a los reporteros de tabloides, a los ingenuos periodistas que intentaban retratarla, porque siempre llegaban demasiado tarde, aún cuando creyesen haber llegado en el momento justo en que su presencia se manifestaba, aún siendo testigos de la propia fatalidad. Odiaba visceralmente las funerarias, los templos, y los tanatorios, lugares del punto final, donde ya no tenía nada que hacer... ni hablar de los cementerios, llenos de viejos amigos, y el lugar donde un mal día decidió iniciar la búsqueda de todas las respuestas.

Vivía en el recuerdo de lo imperativo, en un sin nombre silencioso y arcano del olvido, a veces abandonado y en ocasiones abrazado por lágrimas de algún superviviente desolado... él, era un cúmulo de preguntas sin respuestas, que para otros significaba la única e inexorable certeza.

"La conozco como la palma de mi propia mano... mi mano, en la que confluyen infinitud de líneas informes dando al final la mismísima imagen de una superficie lisa y tersa. Mi mano que no acaba jamás. Mi mano, principio de la eternidad espejo eterno del pasado."

El eternizador del pasado, el arcano sin nombre, el perpetuo ganador, como cualquier currante, como cualquier amante, cayó herido de gravedad presa de la rutina. La desidia le invadió en lo más profundo y decidió rebelarse. No había jefe contra quien izar pancartas, ni a quien gritar su solitaria y natural melancolía. El día que llegaron todas las respuestas, entendió que no había a quien buscar... que eso que consideraba tan lejano, era él en su propia esencia. Entendió que no había otro destinatario de todas las miradas perdidas. Entendió la naturaleza de sus recuerdos. Y como el sacerdote que encontró la llave de entrada al cielo, a la morada de Dios, salió despavorido en dirección contraria. Tenía que hacer lo que fuera con tal de no perder el sentido de su vida.

Así fue como el cielo y el infierno se fueron llenando de millones de vacantes. El purgatorio se quedó encerrado en sus propios desvaríos y un Dios sin oficio, devorado por la depresión de no tener un contendiente, también se echó a las petacas y dejó de crear, de juzgar y torturar.

Satanás antes de jubilarse y sumergirse en el tedio fulminante, cerró resignado las puertas del infierno, sin más opción que colgar a la entrada un cartel que leía, cerrado por defunción.

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¿Quién Demonios es Pepita Roa? <img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/pepitaroa/toulouselautrec1.gif" width="150" height="150" class="imgdcha" /> http://pepitaroa.espacioblog.com/post/2005/12/03/aquien-demonios-es-pepita-roa- 2005-12-03T20:59:35+00:00 Pepita Roa no soy yo - es lo primero. Esto es un artilugio de Pepita Roa para perpetuar su existencia. Aquí escribimos todos, si es que hay algo que escribir. Vale aclarar, que he escrito todos, confiando en que algún día se unirá a Pepita algún "él" sin importar por cuánto tiempo, y entonces ya serán ellos, y bueno, así vuelvo a un todos, abierto a todas las posibilidades, y ya que me he puesto romántica llego a un "nosotros". Cuando me preguntaron el sexo de Pepita Roa, me dieron la opción de responder "otro"... y es que mejor imposible. Respeto profundamente a quien se le ha ocurrido que hay personas que clasifican inequívocamente dentro de esa categoría... En realidad no lo entiendo muy bien, pero para este caso es la única posibilidad de definición.... ¡a dónde va a llegar!

Lo que sí debo advertir es el carácter de Pepita... vaya personaje... Es muy interesante, al menos para mí. Pepita es este tipo de ser que pasa por tu vida como un huracán. Ese tipo de persona que te zarandea desde el primer momento, te des cuenta o no. Pepita Roa es totalmente inmisericordiosa. Pepita Roa es implacable, e infalible. Pepita Roa no cree en nadie ni en nada que no sea capaz de ser auténtico, pero no le importan los disfraces. Para Pepita Roa todo el mundo va desnudo, así que sea lo que sea ve a las personas tal y como son. Pepita Roa es sabia y clarividente. Todo lo sabe y todo lo ve. Lo único que le interesa a Pepita Roa es que quien se le acerque tenga una clara idea de quien es... aunque esto sólo ocurra por unos segundos. Pepita Roa, no tiene memoria, pero no perdona. Pepita Roa, se parece a la mujer del cuadro a la derecha, pero no significa que sea "ella". Y por supuesto, eventualmente cambia de máscara, según el tiempo y el momento. No es de extrañar que ocasionalmente se vista de árbol, de muro, de paisaje, de naturaleza muerta o de oscuridad. Le he visto vistiendo incluso de susurro. Pepita Roa siempre está.

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