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La Coctelera

Desvaríos e Iluminaciones de Pepita Roa, la Valiente.

Esta es la bitácora de Pepita Roa así que no intentes comprender, simplemente lee y escucha.

Categoría: Aromas de Crepúsculo

6 Junio 2007

Un Accidente

Escribe Pepita:


Aquella tarde el calor atravesaba las paredes. Dentro
sólo estábamos yo y la señora Eladia. El sudor se escurría del pañuelo que
cubría mi cabeza hacia mis sienes y debajo de la ropa. Me mantenía de pie a su
lado, mientras ella tejía a ganchillo la mantilla que vestiría en el funeral de
su hija que agonizaba desde hace meses en la ciudad. Desde hace más de una
década era yo la acompañante de la señora, había caído enferma y me habían
encomendado servirle de compañía, sólo compañía. Doña Eladia era una mujer de
un carácter fuerte, dura y aguda como las espadas de su difunto padre que
colgaban en la vieja biblioteca. Incluso al tejer finamente podía percibirse en
ella el aroma del rancio abolengo, terco y dominante. Algunas veces la veía confundirse con los puntos del
tejido, entonces le acercaba la lámpara para encontrarme con su mirada llena de
insulto e indignada desaprobación; no consentía que una simple campesina como
yo, la situara en una posición de necesidad o desvalimiento, aunque jamás fuera
esa mi intención.

Desde que cayó enferma era yo quien debía llevarle los
alimentos, preparar sus vestidos, peinar su cabello y acompañarla durante el
día. Yo era su esclava personal, así me presentaba a sus amistades. Para todo
destilaba un escrúpulo humillante, su condición enferma debía ser olvidada por
quienes la servíamos y si en algún instante llegábamos a compadecerla, no
dudaba en reafirmar su posición frente a la nuestra con un castigo severo.

Estábamos casi a oscuras, todas las ventanas cerradas en
un vano intento de aislamiento. Se levantó del sillón con dificultad e hizo un
ademán señalando el cuarto de baño. Yo como siempre me situé a su lado por si
en algún momento necesitaba afianzarse en algo además del fuerte bastón. Se
detuvo en el pasillo antes de llegar, quiso entrar en la habitación. Era una
estancia de techos muy altos de vigas de madera, un poco más fresco que el
salón. En la mitad reposaba la cama y frente a esta, un precioso tocador, con
un gran espejo en el centro. Nunca llegué a saber qué buscaba en ese momento,
todo sucedió muy rápido. Se acercó a la
silla del tocador, una especie de taburete alto, con altos alfiles en cada
esquina, y pesadas patas de hierro. Se iba a sentar cuando pareció perder un
poco el equilibrio, y calló con mala suerte, estacada, empalada en una de las
vigas apuntadas del asiento. Su cara se transformó y me miró con una mezcla de
odio y súplica mientras lágrimas caían por sus arrugadas mejillas. Fue en ese
momento cuando algo cambio. Por primera vez la oí suplicar, su cara estaba
roja, parecía sentir más vergüenza que dolor. Mi primera reacción fue sonreír
ante su gesto hasta que comenzó a
gritar implorando ayuda. Como pude metí mis brazos bajo los suyos y apoyé un
pie en la butaca. La levanté y la acosté en la cama.

A partir de esa tarde, la mirada de Doña Eladia se tiñó
de algo parecido a la mansedumbre, una especie de humillación avergonzada.
Nadie, fuera de mí y el doctor, supo lo que había sucedido. Tal vez sea por eso
que en el funcionamiento de la casa siguió como siempre. Ningún otro empleado
alcanzó mi posición, desde ese momento en adelante algo en nuestras miradas
cambió de lugar.


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28 Febrero 2006

Trío en G. Serenade - Finale

Entre las comisuras de la calle, no.
Entre las piedras del andén, tampoco.

Un pajarito amarillo busca desde el alba
Con qué saciar su apetito voraz.
Hace tiempo que no llueve.

La puerta de la cafetería no da señales de vida.
El tendedero se habrá muerto esta mañana, o en la noche helada.

Transeúntes a gran velocidad plagan de pasos la avenida.
Una mujer con una violeta y un clavel en el ojal de la solapa.
Se abre el kiosco de la esquina.

Zapatos entorpecen el encargo
el hambre arrecia
el pájaro asechando
plumas verdes madurando.

El pájaro hambriento alza el vuelo.
Plumas amarillas sobre cables espiando.
Plumas amarillas sobre el hule negro salivando.

Un pasante desprevenido con sobrero descosido
Lombrices de hilo, zapatos desatados.
Se tropieza con ancianos y viejos bastones, va injuriando.

Mujer con lila en el ojal y sobrero rojo advierte el escenario.
Mujer, con ceja levantada inquieto observador esperando...

Zapatos desatados, sobrero descosido, lombrices de hilo.
La mirada fija en la calle, va sudando.
Se detiene extenuado sobre un banco,
está hiperventilando.

Lombrices de hilo reinician el trayecto
Lombrices de hilo atraviesan la calzada
El pájaro amarillo agudiza su mirada

Zapatos desgastados pisan la lombriz de hilo
Sombrero descosido en traspiés cae al piso!
Pitidos asfixiantes de frenos humeantes!
El hombre empapado, derrumbado en el asfalto.

Mirando hacia el cielo el hombre yace
mirada brillante, viscosa, abundante!

Pájaro famélico empunta el pico,
Manjar exquisito!

Plumas amarillas sobre tabique ensangrentado
Plumas amarillas sobre rojo deleitando.
Banquete final bajo el sol delirando.

Para el Piano Trío en G. Claude Debussy y Ravel. Serenade: Moderement Anime – Finale:Anime.

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19 Diciembre 2005

Poeta

Los ojos huecos quemados
Los labios llenos de ceniza

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3 Diciembre 2005

¿Quién Demonios es Pepita Roa?

Pepita Roa no soy yo - es lo primero. Esto es un artilugio de Pepita Roa para perpetuar su existencia. Aquí escribimos todos, si es que hay algo que escribir. Vale aclarar, que he escrito todos, confiando en que algún día se unirá a Pepita algún "él" sin importar por cuánto tiempo, y entonces ya serán ellos, y bueno, así vuelvo a un todos, abierto a todas las posibilidades, y ya que me he puesto romántica llego a un "nosotros". Cuando me preguntaron el sexo de Pepita Roa, me dieron la opción de responder "otro"... y es que mejor imposible. Respeto profundamente a quien se le ha ocurrido que hay personas que clasifican inequívocamente dentro de esa categoría... En realidad no lo entiendo muy bien, pero para este caso es la única posibilidad de definición.... ¡a dónde va a llegar!

Lo que sí debo advertir es el carácter de Pepita... vaya personaje... Es muy interesante, al menos para mí. Pepita es este tipo de ser que pasa por tu vida como un huracán. Ese tipo de persona que te zarandea desde el primer momento, te des cuenta o no. Pepita Roa es totalmente inmisericordiosa. Pepita Roa es implacable, e infalible. Pepita Roa no cree en nadie ni en nada que no sea capaz de ser auténtico, pero no le importan los disfraces. Para Pepita Roa todo el mundo va desnudo, así que sea lo que sea ve a las personas tal y como son. Pepita Roa es sabia y clarividente. Todo lo sabe y todo lo ve. Lo único que le interesa a Pepita Roa es que quien se le acerque tenga una clara idea de quien es... aunque esto sólo ocurra por unos segundos. Pepita Roa, no tiene memoria, pero no perdona. Pepita Roa, se parece a la mujer del cuadro a la derecha, pero no significa que sea "ella". Y por supuesto, eventualmente cambia de máscara, según el tiempo y el momento. No es de extrañar que ocasionalmente se vista de árbol, de muro, de paisaje, de naturaleza muerta o de oscuridad. Le he visto vistiendo incluso de susurro. Pepita Roa siempre está.

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